HISTORIA DE MACHUPICCHU
«Hoy salimos de viaje a Perú para conocer la historia de Machu Picchu, el símbolo del país»





Machupicchu es considerada como una de las grandes obras maestras de la arquitectura y la ingeniería de nuestra especie. Su impresionante estructura, sus paisajes, y todo el misterio que siempre la ha rodeado, la han convertido en uno de los destinos más famosos del planeta, así como la calificación de una de las siete maravillas del mundo moderno.
Situada en la provincia de Cuzco, en Perú, Machupicchu se encuentra a medio camino entre las cimas de la montaña con el mismo nombre, Machu Picchu y Huayna Picchu, a 2440 metros sobre el nivel del mar.
En la lengua quechua, machu significa “viejo o anciano”, mientras que pikchu significa pico o montaña, por lo que el nombre del lugar significa “Montaña Vieja”.
¿Pero, cual es el origen de esta legendaria ciudad?

Historia de Machupicchu
Lo primero que hemos de entender es que la región andina de Perú ha estado habitada desde hace más de 10.000 años. Sus primeros pobladores, eran grupos nómadas dedicados a la caza y a la recolección que con el tiempo empezaron a asentarse en los valles fértiles de la zona, donde empezaron a desarrollaron cultivos de maíz, patatas o quinoa. Fue abandono del nomadismo, de hecho, el que creó las condiciones para que empezaran a surgir también sociedades más complejas.
Sociedades y culturas que a su vez dejaron también una huella en toda la región, incluso antes de la llegada de los incas. La cultura Chavín, entre el 900 y el 200 a.C, dejó un gran legado de arte religioso y templos monumentales, como el recinto Chavín de Huántar. También, siglos más tarde, la cultura Wari, entre el 600 y el 1100 d.C, creó uno de los primeros imperios andinos, con un poder centralizado, y un gran desarrollo de ciudades y sistemas de caminos. Un legado y unas prácticas que los incas adoptarían y expandirían siglos más tarde.

¿Y, como encaja Machupicchu en toda esta historia?
Pues para entender su contexto, hemos de remontarnos a la época de expansión del imperio Inca.
Este imperio, conocido también como Tahuantinsuyo (que en quechua significa “las regiones unidas”), tiene sus orígenes alrededor de la ciudad de Cuzco, durante el siglo XIII. Será este mismo imperio, bajo el liderazgo del inca (o emperador) Pachacútec, empezará a experimentar una rápida expansión territorial.
De hecho, Pachacútec, es considerado uno de los arquitectos del imperio, por la implementación de reformas administrativas y militares que permitieron consolidar el poder inca en toda la región. A través de conquistas y alianzas diplomáticas, se incorporaron al imperio diversos pueblos y culturas, extendiendo su influencia desde el sur de Colombia hasta el centro de Chile y el noroeste de Argentina.
Fue durante esta época, donde encontramos tamibén los grandes avances tecnológicos que caracterizaron a este imperio . Desarrollaron técnicas de construcción muy avanzadas, como el sillar: las piedras talladas que encajaban sin mortero. Lo que les permitió construir sus impresionantes fortalezas, templos y palacios. También, implementaron el sistema de terrazas de cultivo con el que aprovechar los terrenos montañosos de los andes, que incluían también canales de riego. Y tampoco hemos de olvidar la astronomía. Los incas construyeron grandes observatorios para estudiar el cielo, muy útiles para desarrollar calendarios agrícolas y también ceremoniales.
Y es en todo este contexto, cuando se fundó la ciudad de Machu Picchu.

La fundación de Machu Picchu
Se cree que alrededor del año 1450, el inca Pachacútec, conquistó toda la región cuzqueña, incluida las montañas de Machupicchu. El lugar en cuestión debió impresionar mucho a este rey, ya que mandó construir allí, ese mismo año, un complejo urbano con edificaciones tanto civiles como religiosas.
Durante años se ha especulado mucho sobre su función concreta y pese a que los historiadores siguen debatiendo sobre ello, hoy tenemos ciertas cosas claras sobre Machupicchu.
Lo primero que tuvo una población móvil, como la mayoría de los pueblos incaicos. Estos pueblos, también conocidos como llactas incaicas (por su nombre en quechua), eran comunidades establecidas estratégicamente y que respondían a una función concreta: administrativa, religiosa, militar, agrícola…
En este sentido, es posible que Machupicchu cumpliera varias de estas funciones, aunque no se ha podido determinar con exactitud cuales de ellas.

¿Un lugar secreto?
Lo que también sabemos es que de ninguna manera Machupicchu era un lugar aislado o secreto. Durante años, sobre todo por su ubicación, ha habido mucha especulación con el mito de la “ciudad perdida” o como un “refugio secreto” de los reyes incas. Pero, nada más lejos de la realidad. Los incas, alrededor de Machupicchu, construyeron otros muchos asentamientos que estaban conectados a la ciudad por la red de caminos incas. Ocho de los cuales llegaban a la misma Machupicchu. Pensad que por su geografía, y aunque disponían de terrazas de cultivo, su producción alimentaria no era suficiente para mantener a toda la población. Por ello, tenían que estar conectados constantemente con el resto de centros urbanos.
Su población debía oscilar entre los 300 y los 1000 habitantes, y estaban organizados jerárquicamente. La corte y los sacerdotes vivían en los edificios más lujosos, y se encargaban de las funciones administrativas y religiosas. Por otro lado, los artesanos y los agricultores, se dedicaban al cultivo, la cerámica o la elaboración de textiles.
También, la religión debió jugar un papel central, no solo en Machupicchu, sino en toda la cultura inca. Edificios como el Templo del Sol, el Templo del Cóndor o la piedra Intihuatana (usada como un reloj solar), nos muestran la importancia que tenían los rituales solares y astronómicos. Se realizaban ofrendas y sacrificios, generalmente de animales, para honrar a los dioses y garantizar buenas cosechas. También, eventos como el Inti Raymi, o la Fiesta del Sol, eran momentos clave para la reafirmación de toda esta identidad cultural.

Machupicchu tras la colonización española
Otro de los puntos que hemos de entender es que Machupicchu, es que igual que muchas otras ciudades, era considerada como una propiedad personal del monarca inca. Y esto es fundamental para que entendamos parte del por qué de su abandono. Tras la muerte de Pachacútec, la ciudad debió perder gran parte de su importancia. Principalmente, por tener que competir en prestigio y uso con el resto de “propiedades personales” de los incas que le sucedieron. Aunque, por supuesto, esto no implica que se abandonara del todo.
Primero con la guerra civil inca, que se produjo en 1531, y después con la llegada española a Cuzco en 1534, todo cambio. Por un lado, una gran parte de los campesinos de la región habían sido llevados allí a la fuerza por los incas. Por lo que durante el periodo de inestabilidad y falta de control, muchos de ellos volvieron a sus tierras de origen. Además, la resistencia de los incas contra los españoles se centro en la ciudad de Vilcabamba, mucho más al norte. La nobleza fue convocada por Manco Inca allí, así que es muy posible que ya hubieran abandonado Machu Picchu por entonces.
Pese a todo, y tras la caída definitiva del imperio inca a manos de los españoles, parece que Machupichu siguió habitada, pues seguía apareciendo años después en la lista de las poblaciones que tributaban en la zona. Aun así, esto no significa que los españoles visitaran el lugar con frecuencia. Pese a que que hemos encontrado documentos donde se menciona de alguna manera a la ciudad andina, Machupichu fue casi ignorada por los españoles durante los siglos siguientes, pasando desapercibida a sus ojos. Los de los españoles claro, porque no fue igual con los de los indígenas andinos. Se han encontrado documentos de los siglo XVII y XVIII donde se hace mención sobre todo al interés de los terrenos agrícolas de la zona. Sin embargo, sus principales edificios, al parecer no fueron ocupados y, poco a poco, fueron camuflándose entre la vegetación del lugar.

El (re) descubrimiento de Machupicchu
Y que recordar estos últimos destalles, es muy importante. Como acabamos de ver, pese a que los europeos, concretamente los españoles, no prestaron mucha atención al lugar, los nativos de la zona fueron siempre conscientes de la existencia de la ciudad de Machupicchu. Durante años, alimentado por la leyenda popular, se pensó en Machupicchu como una ciudad perdida que hasta principios de siglo XX, no fue descubierta de nuevo. Nada más lejos de la realidad. De hecho, prospecciones mineras y arqueológicas en la zona ya en el siglo XIX, hacen mención a la ciudad. Sobre todo por parte de los nativos, lo que nos indica, como hemos visto, que nunca estuvo perdida.
Sin embargo, su fama, y su re-descubrimiento a ojos del mundo occidental, vendría unos años más tarde, de la mano del profesor americano, Hiram Bingham.

La contribución de Bingham
Bingham era un profesor de historia interesado en encontrar las últimas ruinas incas de Vilcabamba. A través de contactos locales, había oído hablar de un tal Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras de Cuzco, quien de la mano de otros locales había estado explorando las ruinas de la ciudad. Fue a través de esta información con la que, en julio de 1911, llego a las ruinas de Machupicchu. Allí vivían dos familias de campesinos que seguían aprovechando las terrazas incas para cultivar. Fueron estos mismos quienes guiaron a Bingham hasta las ruinas de la ciudad ya cubiertas por la vegetación.
Bingman quedó fascinado con todo lo que encontró. Tras contactar con la universidad, la National Gegographic Society, y el gobierno peruano, en 1912 empezaría con las excavaciones arqueológicas. Excavaciones que despejarían toda la maleza y sacarían a la luz no solo la ciudad, sino también las tumbas incas fuera de sus muros.
La fama mundial de Machupicchu empezaría al año siguiente, con la publicación de todos estos descubrimientos en la revista National Geographic.
Si bien es cierto que Hiram Bingham no descubrió Machu Picchu (nadie lo hizo, ya que nunca se llegó a “perder”), hay que atribuirle el mérito de ser la primera persona que reconoció el valor y la importancia de sus ruinas. Estudiándolas y divulgando al mundo todo lo que descubrió.

Machupicchu en la actualidad
Desde entonces, la fama del recinto de Machu Picchu no ha hecho más crecer. En Perú, la difusión de todos estos hallazgos hizo que mucha gente se animara a visitar la mítica ciudad. Empezándose a desarrollar a su alrededor toda la infraestructura para acoger a los visitantes. De hecho, desde entonces, y hasta nuestros días, Machu Picchu se ha convertido en el símbolo del país.
A nivel internacional sucedió un poco lo mismo. Poco a se fue popularizando el lugar entre los viajeros, y se empezó a desarrollar todo un interés, no solo por Machu Picchu, sino por todo el patrimonio, arquitectónico y natural, que hay en Perú y Sudamérica.
Su ubicación, su impresionante estructura y los enigmas y leyendas que siempre han rodeado este lugar convierten a Machupicchu en un lugar único. Uno de esos rincones que todo viajero debería visitar una vez en la vida.
Si estáis pensando en viajar a Perú, esta tiene que ser una parada obligatoria.
Como siempre, espero que os haya gustado. Si os ha resultado útil o creéis que le puede servir a alguien, podéis compartirlo con vuestros amigos. ¡También, os animo a que os paséis por el canal de Objetivo Horizonte, donde encontraréis videos sobre viajes y lugares del mundo!





