La historia de la humanidad, desgraciadamente, se ha caracterizado durante muchos periodos por la persecución de lo diferente. La historia del pueblo rohingya es una historia de movimiento, como la de muchos otros pueblos del mundo, y desgraciadamente también de persecución, un pueblo al que se le ha negado su identidad.

Los rohingya son un grupo étnico musulmán, naturales de la región conocida como Arakan, la franja costera al oeste de Myanmar. Los primeros pobladores de esta zona provenían del subcontinente indio, con el cual tuvieron más relación que con el resto de Birmania, al estar separados de ésta por la cordillera de Arakan Yoma.

Orígenes

El origen étnico de los rohingya se remonta al siglo XV, cuando el reino budista de Arakan pidió ayuda militar al sultán de Bengala, para poder hacer frente al reino de Ava, en el interior de Birmania. Tras la contienda, muchos de los soldados musulmanes finalmente se quedaron a vivir en Arakan, convirtiéndose en los antepasados de los rohingya. Hay que tener en cuenta también que durante los siglos siguientes se produjeron diferentes oleadas migratorias de musulmanes hacia Arakan, siendo la más importante la que se produjo durante el periodo colonial británico, pues los ingleses necesitaban de mano de obra cualificada para trabajos administrativos, los cuales procedían principalmente de la India.

Fue en este periodo cuando se hizo patente la gran división de la sociedad de la región, entre budistas y musulmanes, dando lugar a conflictos y actos violentos puntuales entre ellos. Esta división se hizo evidente también durante la Segunda guerra mundial, pues mientras que la población musulmana apoyaba a los británicos, la budista se puso del bando de los japoneses. Esta decisión fue en parte tomada por la promesa incumplida por parte de los británicos de la creación de un estado musulmán en Arakan, lo cual nunca llego a llevarse a cabo. A raíz de esta polaridad se produjeron de nuevo enfrentamientos entre las dos partes, dando lugar a una migración masiva, por parte de los rohingya, hacia el norte de Arakan, donde eran mayoría. Por ello, una vez declarada la independencia de Myanmar en 1948, Arakan estaba ya fuertemente dividido entre norte y sud, musulmanes y budistas respectivamente.

Los años del conflicto

Tras la independencia de Myanmar, se reconocieron 135 etnias autóctonas dentro del país, pero no la rohingya, con el argumento de que éstos no figuraban entre los grupos tribales identificados por los británicos durante la colonización de país. Durante las décadas siguientes su situación tampoco mejoró: primero con la dictadura de Ne Win, donde se incrementó por parte del estado el nacional-budismo y las leyes contra los musulmanes, y después con la dictadura del general Than Shwe, cuando los rohingya pasaron a una situación aún peor. Debían pedir permiso para abandonar sus poblados así como también para casarse, y se les negó el derecho a la sanidad y la educación, todo bajo un gran acoso religioso y la destrucción sistemática de mezquitas. Ya en 2012, la violencia entre ambas partes tuvo como consecuencia la aparición de dos grupos armados:

– Por un lado el Movimiento 696, liderado por el monje budista Ashin Wirathu, que extendió la violencia contra los rohingya por todo el país. Sus ataques tuvieron inicio tras la violación de una joven budista por tres hombres musulmanes. Pese a que los acusados fueron detenidos y condenados a muerte, los grupos budistas asaltaron un autobús de dirigentes rohingya, quienes fueron apaleados hasta la muerte. Estos ataques siguieron hasta las casi 300 víctimas, ante lo que se produjo el primer gran movimiento migratorio del siglo XXI: la huida de cerca de 150.000 rohinya hacia Bangladesh.

– Como consecuencia de estos ataques, en el bando musulmán se creó, a finales de 2016, el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán (ARSA). Se trata de una organización sucesora del Frente Patriótico Rohingya (con actividad durante los años 70), fundada por musulmanes emigrados a Arabia Saudí donde hicieron fortuna, como una herramienta, también de la mano de la violencia, de interponer los intereses musulmanes en la región. En octubre de 2016, unos 400 militantes asaltaron diferentes puestos militares, matando a 9 soldados y robando armamento y munición.

Photo Credit: UN Women Gallery Flickr via Compfight cc

La respuesta del ejército birmano no se hizo esperar: se desencadenó una oleada de represión mayor contra los asentamientos rohingya, con violaciones, asesinatos y quema de aldeas enteras. Lo que llevó a que más de la mitad de la población rohingya se haya desplazado ya hasta Bangladesh.

Todos los observadores internacionales señalan que se está llevando a cabo una limpieza étnica en toda regla, con serias violaciones de derechos humanos, para provocar la huida de los rohinya a otros países.

Respuesta de la comunidad internacional

Como ocurre en muchos otros conflictos con escasa relevancia en el plano geopolítico y estratégico de las grandes potencias, el conflicto y éxodo rohingya, no parece estar en la agenda de los grandes países del mundo.

El principal valedor de los refugiados está siendo Bangladesh, país vecino y de mayoría musulmana, pero los campos de refugiados están empezando a superar los recursos de este pobre país, y algunas voces están hablando ya de devolver a los refugiados de vuelta a Myanmar. Otros países como Arabia Saudí, Malasia o Pakistán, han sido históricamente también destino de los refugiados rohinya, así como también en la india, pero en todos los casos las condiciones en las que se encuentran son realmente deplorables.

El principal valedor de este pueblo están siendo las ONG y la misma ONU, quienes urgen ayudas internacional para las casi un millón de personas refugiadas en los campos de Bangladesh, con tal de poder asegurar condiciones dignas y seguras para la población. Se necesita ayuda por valor de 950 millones de dólares, un gasto al que Bangladesh en solitario no puede hacer frente, que ha abierto su frontera a casi un millón de personas, después de que los países más ricos del mundo hayan dado la espalda, una vez más, a un problema cultural, religioso y de crímenes contra la humanidad y los derechos humanos, que no afecta a sus intereses.

“El problema es que este debate no puede ser ganado con estadísticas (…) eso no cambiará la actitud de las personas. Hay que hacerlo a través de historias, humanizando a los refugiados sin rostro. Tenemos que mostrar sus nombres, sus caras, sus miedos, sus ambiciones, sus amores y a de qué están huyendo”.

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Alex Tomboix
Soy Alex Tomboix, asesor de viajes, mente inquieta y apasionado del mundo y sus gentes. En este blog de viajes encontraréis información de los países que visito y en los que organizo viajes.
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